No puedes sacudirte tu instinto animal porque tu instinto animal eres tú. No te puedes ocultar de tu instinto animal porque tu instinto animal se oculta en ti... *~ahahaha ke miedo*
sábado 11 de abril de 2009
DESPUÉS DE MÁS DE UN AÑO
HOLA JAJA NADIE LO LEE PERO HOLA, ME CONFORMO CON ENTRAR YO, MMMMM QUIERO SUBIR UN VIDEITO PORQUE NO TENGO MUCHAS GANAS DE ESCRIBIR
TE AMO GERBER QUIERO SUPERAR TODO, ESCRIBIRÍA MÁS PERO YA QUIERES DORMIRTE, NO TE PREOCUPES SALDREMOS ADELANTE, JUNTAS COMO SIEMPRE, EN LAS BUENAS Y EN LAS MALAS (&) HASTA SIEMPRE COSITA TIKITA Y BONITA Y COMO NO TENGO FOTOS AHORITA DE MI HERMOSURA, SUBO UNA CON MI AMIGA LUZ ESTHELA
"Mis manos tocan, niña mía, tu rumorosa piel, tu dulcísima carne que tranquilos ángeles habitan"
EL ROSTRO
De tu rostro purísimo y resplandeciente surge una luz silenciosa que todo lo desnuda, descubre paraísos y mares de ceniza, oculta sombras con su bella campana y vuela como un pájaro. Olvidar tu rostro es ahogar el corazón, tratar de ignorarlo es vivir a ciegas, dando tumbos; no es necesario volver a decir que tu rostro nos promete un reino en un universo inmóvil y destruido.
FORMAS DEL AMOR
"Niña invicta, te he visto ya en las onzas españolas" Medardo Mejía
Mis manos tocan, niña mía, tu rumorosa piel, tu dulcísima carne que tranquilos ángeles habitan, tu cabellera suave, tu corazón pequeño.
Oye la campana del día apagando el luto de la noche mira la luz que silenciosamente nos cubre, mira el cielo: ese jardín sobre tu pecho; respira el aire quieto que el ruiseñor anuncia con su lanza, conduce tu desamor a un lago sepultado y háblame con tus labios excelsos.
Llegué a sentir sobre las manos el agua efímera, el verano derribando sus torres, el abismo cerrando sus ventanas, el fruto abandonado, el mar abriéndose las venas, el fuego hundido, hasta que tú, niña mía, perfecta virgen repetida, me entregaste tu rostro.
Veo de cerca la copa confusa de las aguas, busco tu claro nombre entre las rosas, tu dulzura en la esencia de los árboles, tu vigilia en el beso, tu olor en los duraznos, tu luz en el rocío y me doy cuenta sorprendido que todo me lo traes, niña mía, con tu mano sagrada.
¿Cómo nació el amor? Fue ya en otoño. Maduro el mundo, no te aguardaba ya. Llegaste alegre, ligeramente rubia, resbalando en lo blando del tiempo. Y te miré. ¡Qué hermosa me pareciste aún, sonriente, vívida, frente a la luna aún niña, prematura en la tarde, sin luz, graciosa en aires dorados; como tú, que llegabas sobre el azul, sin beso, pero con dientes claros, con impaciente amor!
Te miré. La tristeza se encogía a lo lejos, llena de paños largos, como un poniente graso que sus ondas retira.
Casi una lluvia fina -¡el cielo azul!- mojaba tu frente nueva. ¡Amante, amante era el destino de la luz! Tan dorada te miré que los soles apenas se atrevían a insistir, a encenderse por ti, de ti, a darte siempre su pasión luminosa, ronda tierna de soles que giraban en torno a ti, astro dulce, en torno a un cuerpo casi transparente, gozoso que empapa luces húmedas, finales, de la tarde, y vierte, todavía matinal, sus auroras.
Eras tú, amor, destino, final amor luciente, nacimiento penúltimo hacia la muerte acaso.
Pero no. Tú asomaste. ¿Eras ave, eras cuerpo, alma sólo? Ah, tu carne traslúcida besaba como dos alas tibias, como el aire que mueve un pecho respirando, y sentí tus palabras, tu perfume, y en el alma profunda, clarividente diste fondo. Calado de ti hasta el tuétano de la luz, sentí tristeza, tristeza del amor: amor es triste.
En mi alma nacía el día. Brillando estaba de ti, tu alma en mi estaba.
Sentí dentro, en mi boca, el sabor a la aurora. Mis sentidos dieron su dorada verdad. Sentí a los pájaros en mi frente piar, ensordeciendo mi corazón. Miré por dentro los ramos, las cañadas luminosas, las alas variantes, y un vuelo de plumajes de color, de encendidos presentes me embriagó, mientras todo mi ser a un mediodía, raudo, loco, creciente se incendiaba y mi sangre ruidosa se despeñaba en gozos de amor, de luz, de plenitud, de espuma.